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Sermones
La Verdadera Restauración

Jeremias

por Gabriel Otero

"Las palabras de Jeremías hijo de Hilcías, de los sacerdotes que estuvieron en Anatot, en tierra de Benjamín." El primer versículo de este libro que pasamos a estudiar, nos presenta a su autor, jeremías, libro que lleva su propio nombre. Nos pone también en conocimiento de su ascendencia, hijo de Hilcías, un sacerdote oriundo de Anatot en territorio de la tribu de Benjamín.



Vamos a observar brevemente respecto a la familia de Jeremías y los acontecimientos que lo llevaron a ser uno de los más maravillosos profetas. Luego nos abocaremos a considerar el tópico y la enseñanza espiritual que nos va a dejar este libro.



La familia de Jeremías. Como ya hemos visto en el Vr.1, su padre era sacerdote. Es decir, Jeremias nació en una familia en donde la palabra de Dios era familiar, en donde el temor a Dios era cosa común, donde el servicio a Dios era algo natural. ¡Qué hermoso! ¿verdad? Jeremías nació en un hogar preparado para vivir con Dios. En el Vr.5 nos dice la Escritura que Dios hablando de Jeremías se expresa así: "Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones." Algo muy curioso ¿verdad? Cuando Jeremías estaba en el vientre de su madre, esta escritura nos dice que Dios señaló que ese bebé fuera un testimonio para El. La palabra "te santifiqué" que encontramos significa "te separé". Dios hablando de Jeremías dice "te conocí", es decir, Dios prestó cuidadosa atención a la persona de Jeremías, lo separó para un trabajo especial y nos dice aquí qué tipo de trabajo: "por profeta a las naciones." No

solamente a Israel, sino a muchas de ellas que estaban alrededor de Israel, naciones gentiles, naciones que pudieran contemplar la profecía de Jeremías y enriquecer su conocimiento en lo que concierne al plan de Dios para las naciones del mundo.



En el Cap.2:1-6, encontramos el llamamiento: "Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Anda y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando estabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada. Santo era Israel a Jehová, primicias de sus nuevos frutos. Todos los que le devoraban eran culpables; mal venía sobre ellos, dice Jehová. Oid la palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel. Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se hicieron vanos? Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre?" Vemos entonces que el Vr.4 nos habla que él oyó, en otra palabra, escuchó las palabras de Jehová. Jeremías fue llamado en forma explícita para ir a la casa de Israel para anunciar verdades profundas a su pueblo y también para dar luz a las naciones del mundo con respecto a muchas otras verdades que nos pertenecen a nosotros.



Retrocediendo al Cap.1:10, tenemos la comisión de Dios para Jeremías: "Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar, y para destruír, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar." Fijémonos detalladamente entonces la comisión que Dios encargó a Jeremías. Dice: "...te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos,..." es decir, Jeremías pasa a ser una autoridad. ¿Cuál es el propósito?: Arrancar, destruír, arruinar, derribar, edificar, plantar. En otra palabara, la profecía de Jeremías nos va a ayudar a eliminar lo malo y a edificar con lo bueno. Eso es lo que Dios quiere decirnos.



¿Cuál fue el poder que Dios le dio entonces al profeta Jeremías para que él pudiera hacer todo eso? Lo encontramos en el Vr.9: "Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca." Dios tocó su boca y le dio a conocer a Jeremías que él y solamente él podía darle el poder de hablar. Por eso Jeremías al hablar dice: "Así dice Jehová". No fue por el trabajo de Jeremías lo que él expuso, no fue el sentimiento de Jeremías lo que él expuso, sino que Jeremías dio a conocer la voz de Dios.



Bien, ¿de qué nos habla el libro de Jeremías? ¿Cuál es el tópico espiritual que Jeremías va a presentar? Jeremías no habla de la verdadera restauración. Y vamos a mirar en una forma muy simple por cierto a lo menos tres aspecto de esta veradera restauración.



La verdadera restauración incluye primero un encuentro con Dios. Para que exista una verdadera restauración debemos tener un encuentro personal con Dios. En el Cap.29:13, Dios hablando a Jeremías le dice, anuncia a tu pueblo esto: "...y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón." Muchas personas buscan a Dios y no lo encuentran ¿verdad? Hay muchas personas que dicen ¿Y dónde está Dios? Hay tantas dificultades en el mundo, hay tantos problemas en el mundo, hay tantas injusticias en el mundo, hay tantos sinsabores en este mundo, hay tantas amarguras, ¿dónde está Dios? Y pensar que Dios dice aquí: "...y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón." La única manera de encontrar a Dios es buscándolo con todo nuestro corazón, es decir, sin reservaciones. Hay personas que buscan a Dios pero dicen: ¡Ah!, qué acerca de esto y de esto otro; qué acerca de aquí y de allí, y tienen un sinnúmero de reservaciones, un sinnúmero de cosas en las cuales ellos dudan, de las cuales están pensativos. Hay personas que quieren creer, pero quieren basar su creencia en razonamientos humanos en lugar de buscar un análisis divino de la palabra de Dios. Y entonces no buscan a Dios con todo su corazón, ¿por qué? porque tienen reservaciones, su análisis y su lógica que debe comprobarse, y no el análisis y la lógica de Dios. Eso no es buscar a Dios con todo el corazón.



Así que, el libro de Jeremías nos habla de una restauración que comienza con un encuentro personal con Dios. ¿Alguna vez fuimos a visitar a nuestra novia y mandamos el cuerpo solamente y dejamos el espíritu en otro lugar? ¿No es cierto que no? Cuando fuimos a ver a nuestra novia fuimos con todo, bien vestidos, arreglados, perfumados, pensando en ella, midiendo nuestras palabras para que ella se encuentre alagada, para que ella se encuentre feliz a nuestro lado. Y si buscamos a Dios de la misma manera, pensando que le hemos de encontrar, pensando que Dios ha de proveernos los medios para que nos unamos a él, entonces sinceramente le vamos a encontrar.



En segundo lugar, el libro de Jeremías nos habla de cómo limpiar nuestro pecado. Es decir, en una verdadera restauración hay un encuentro personal con Dios y también debe haber un encuentro personal con nuestro pecado. Dice en el Cap.2:22: "Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová el Señor." Aunque te laves con lejía, que es un preparado de Cloruro de sodio, y amontones jabón sobre ti, es decir, que no se enjuague, que coloque jabón sobre jabón y ácido si fuere necesario, dice, la mancha del pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová el Señor. La Escritura nos enseña aquí que no podemos jugar con nuestro pecado, por supuesto que no. La Escritura nos enseña que es cosa seria pecar y que debemos tener mucho pero mucho cuidado en hacerlo. Indudablemente muchos piensan que pueden borrar su pecado, y eso, dice Dios, nunca acontecerá. Aun si pusiéramos soda cáustica que es una combinación química muy fuerte, que debora, sería imposible eliminar la mancha que hay sobre nosotros. Y aun si nosotros no la mirásemos más, Dios la va a poder mirar. Consecuentemente dice que debemos de una manera muy simple tener cuidado de encontrarnos con esa realidad. Y alguien me dirá: "Pastor, yo he pecado". ¿Y quién no ha pecado, verdad? "¿Qué debo hacer si mi pecado no ha de ser quitado de delante de Dios? ¿estoy perdido?" Si tal persona muriera bajo esa condición, diríamos que sí. Pero, recordemos lo que dijo Juan el bautista cuando vio a Jesus: "...He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo." (S.Juan 1:29). En otra palabra, Juan el bautista en una manera muy simple, muy práctica, mirando a Jesús pudo tener presente una realidad que le era imposible al hombre del Antiguo Testamento experimentar: Borrar su pecado. Juan el bautista vio en Jesús a aquel que quita nuestra mancha; no el que lava nuestra mancha, sino el que la quita. "...He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo." ¿Hemos tenido un encuentro personal con Jesús? ¿Y con nuestro pecado? ¿Hemos confiado nuestro pecado a Jesús para que él lo quite? ¿Nos hemos arrodillado y le hemos dicho: Señor, yo soy un pecador y como tal merezo la muerte eterna? Aferrémonos a Cristo Jesús, a su obra expiatoria, creamos y gocémonos en él. La palabra de Dios nos enseña que debemos enfrentarnos con nuestro pecado y también con el Medio para quitar nuestro pecado. Pero si no quitamos nuestro pecado, sin duda que no habrá manera de salir del paso.



En tercer lugar, debemos enfrentarnos con la realidad de la vida. Es decir, enfrentarnos personalmente con nosotros mismos. En el Cap.17:9, leemos estas palabras: "Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?" La Escritura en su idioma original es un poquitito más fuerte que la traducción en español en este punto y dice: "Resbaladizo es el corazón más que todas las cosas, y perverso;..." Podemos decir entonces que la palabra de Dios nos enseña a través de Jeremías, que debemos tener conocimiento del corazón que tenemos. Hay algunas personas que dicen: "Bueno, pastor, pero yo soy creyente y tengo un nuevo corazón" Es cierto. Pero, ¿estamos siendo controlados por ese nuevo corazón? Fijémonos lo que dice el apóstol Pablo con respecto a nuestro corazón. En Romanos Cap.7:19-24: "Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo hacer yo el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?" Debemos ser reales. JeremIas dice que debemos enfrentarnos con la realidad de la vida. Debemos tener un encuentro con nosotros mismos y ser honestos. Debemos tener un encuentro personal con nuestra propia conciencia y darnos cuenta que ese pecado que mora en nosotros, ese cuerpo que tenemos es un cuerpo pecador. Como hemos leído, "Resbaladizo es el corazón del hombre..." Resbaladizo, es decir, cuando confiamos y estamos sólidamente basados en la verdad, ahí en ese momento estamos más listos para caer.



Así que, el libro de Jeremías brevemente nos da la fórmula, si quisiéramos llamarla así, para una verdadera restauración. Debemos tener un encuentro personal con Dios (Cap.29:13). Luego debemos tener un encuentro personal con nuestro pecado. Si pecamos voluntariamente -dice- no habrá manera de limpiarlo (Cap.2:22) En otra palabra, el único jabón que podemos usar para quitar nuestro pecado es Jesús, si se nos permite usar esta palabra con todo respeto, porque dice Juan el bautista que Jesús quita el pecado del mundo. Y en tercer lugar, debemos enfrentarnos con nosotros mismos, con el real, con Gabriel Otero, y ponga cada uno su nombre. Nuestro corazón es débil, nuestro corazón es resbaladizo, nuestro corazón puede pecar. No podemos confiar en los sentimientos de nuestro corazón, no podemos confiar en lo que a nosotros nos parece que está bien o que está mal, debemos confiar en lo que Dios dice que está bien o que está mal. La restauración no depende de nuestros sentimientos, la restauración no depende de lo que podemos hacer, depende de nuestra obediencia a la ley de Dios. Es imposible para el hombre ser restaurado por sí mismo.



¿Cuál es la conclusión entonces que podemos darle a este estudio sobre el libro de Jeremías que hemos titulado "La verdadera restauración? Recordemos las palabra de Jesús en el evangelio de S.Juan Cap.8:32. Allí Jesús nos da la conclusión como quien tomara el libro de Jeremías, lo condensa y lo pone en una oración. Dice así: "...y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres." Quiera Dios que cuando conozcamos su palabra que es la verdad, también seamos libres verdaderamente. Y la restauración que tanto esperamos se produzca en nuestro ser.