«Al judío primeramente» (Rom. 1:16).
Muchas personas se avergüenzan del evangelio de Cristo. Los sabios se avergüenzan porque llama a los hombres a creer y no a discutir; los poderosos lo menosprecian porque hace a todos los hombres iguales, un cuerpo; los ricos lo desechan porque ha da ser adquirido sin dinero y sin precio; los que viven disipada y alegremente se avergüenzan de él porque temen que les destrozaría su alegría. Así las buenas nuevas del glorioso Hijo de Dios venido al mundo para ser refugio de los pecadores perdidos son despreciad a.., tenidas en olvido y menosprecio; los hombres se avergüenzan de ellas. ¿Quiénes no se avergüenzan del evangelio? Un pequeño grupo, sólo unos pocos, una minoría cuyos corazones ha tocado el Espíritu de Dios. Ciertamente hut,o un tiempo en que fueron como los demás y pertenecieron también al mundo. Pero Dios, despertándoles, hízoles ver su pecado y miseria, mostróles que sólo Cristo era el refugio único y fueron impulsados a clamar: "Sólo Cristo, séame sólo Él por Salvador". "Lejos sea de mí gloriarme, pino en la cruz de Cristo." Cristo es precioso a su corazón, ﷓,,,¡ve en él; frecuentemente se halla en sus labios; Cristo es alabado en sus familias; afanosamente le proclaman a todo el mundo. Han sentido en su propia experiencia que el evangelio es la potencia de Dios para dar salvación, al judío primeramente y también al griego. Queridos amigos, ¿es ésta vuestra experiencia? ¿ Habéis recibido vosotros el evangelio no sólo en palabras sino también en poder? ¿Se ha manifestado el poder de Dios en vuestras almas al mismo tiempo que se ha manifestado su palabra? En tal caso, vuestras son también sin duda las palabras de Pablo: "No me avergüenzo del evangelio de Cristo".
De este hecho quiero haceros notar una particularidad especialmente. E1 apóstol se gloría en el evangelio como siendo la potencia de Dios para salvación, al judío primeramente; de ello trazo la siguiente doctrina: Que el evangelio debía ser predicado primeramente a los judíos.

1. Porque también el juicio empezará primero por ellos. ﷓ "Enojo e ira... al judío primeramente" (Rom. 2: 6﷓10). Horrible pensamiento es éste, que el judío será el primero en ser llevado a la presencia de Dios para ser juzgado. Cuando el gran trono blanco sea aparejado y Dios se siente en él una vez los cielos y la tierra hayan pasado; cuando los muertos, pequeños y grandes, se hallen delante de Dios y los libros sean abiertos y los muertos juzgados por las cosas escritas en los libros, ¿no es un pensamiento tremendo que Israel, el pobre y ciego Israel, será primeramente llevado al juicio delante de Dios?
Cuando en su gloria venga el Hijo del hombre y todos sus santos ángeles con É1, cuando se siente sobre el trono de su gloria y ante É1 sean congregadas todas las naciones y É1 proceda a efectuar la gran separación de los unos y los otros, como el pastor separa sus ovejas de sus cabritos, cuando sus labios pronuncien la tremenda sentencia: "Apartaos, malditos"; y cuando los muchísimos condenados serán arrojados al castigo eterno, todo elle ¿no basta para que la mayoría de vosotros, descuidados y despreocupados, hagáis un alto y consideréis al ver que la indignación y la ira se derramarán primeramente sobre el judío, al ver que sus rostros palidecerán de terror, que sus rodillas chocarán entre sí y que sus corazones desfallecerán dentro de ellos, de una manera más terriblemente angustiosa que en los demás?
¿Y por qué? Porque ellos habían tenido más luz que ningún otro pueblo. Dios los escogió entre el resto del mundo para que fuesen su testigo. Todos los profetas fueron enviados primeramente a ellos; todo evangelista y apóstol tuvo un mensaje para ellos. El Mesías vino a ellos. Dijo e1 mismo Mesías: "No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel". La Palabra de Dios todavía está siendo dirigida a ellos. Todavía siguen teniéndola pura e inalterada en su mano. Sin embargo, han pecado contra toda la luz de ella, contra todo su amor.`¡Oh Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que son enviados a ti, cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus polluelos bajo sus alas, y tú no quisiste!" La copa de ira de ellos se hallaba más rebosante que la de los demás; el mar de ira contra ellos era más profundo. Contemplando sus rostros podréis leer en todos los tiempos que la maldición de Dios pesa sobre ellos.
¿ No es ésta una razón, pues, por la que el evangelio debía ser predicado primeramente a los judíos? Ellos estaban aparejados para perecer, para condenarse más terriblemente que los demás hombres. La nube de enojo e ira que aún ahora se está acumulando amenazadoramente sobre los perdidos se derramará sobre la culpable, desgraciada y endurecida Israel. ¿Y en vosotros no hay nada de las entrañas del amor de Cristo que os impulse a correr primero en ayuda de aquellos que se encuentran en uña situación tan desgraciada? En un hospital, el médico que tiene vocación corre primero a aquel lecho en que se halla postrado el enfermo que está más próximo a la muerte. Cuando un barco va a pique y los intrépidos marinos dejan la playa para ir adonde está la multitud que naufraga, ¿no extienden sus manos para ayudar primero a aquellos que se hallan en mayor peligro de perecer entre las olas? ¿ Y no hacemos lo mismo por Israel? Las olas de la ira de Dios están aparejadas para abalanzarse primero sobre ellos; ¿no buscaremos, por tanto, traerlos primero a la roca que las aguas de la ira de Dios nunca cubrirán? Su caso es mucho más desesperado que el del resto de los hombres; ¿no les hacemos llegar al gran Médico, quien sólo y sólo por Él puede darles la salud y la cura? Porque el evangelio es potencia de Dios para salvación, al judío primeramente y también al griego.
No puedo dejar este punto sin dirigir una palabra a aquellos de vosotros que os halláis en una situación muy similar a la de Israel, a vosotros que tenéis la palabra de Dios en vuestras manos y, sin embargo, continuáis en vuestra incredulidad y seguís no salvos. En muchos aspectos Escocia puede ser llamada el segundo Israel de Dios. No hay ningún otro país que tenga su día del Señor   como lo tiene Escocia; ningún otro país hay en el que el evangelio pueda ser predicado tan libremente. ¡Oh, entonces, pensad un momento, vosotros que os sentáis bajo la sombra de fieles ministros y que, con todo, seguís no convertidos y no habéis sido traídos a sentaros bajo la sombra de Cristo, pensad cuán semejante será la ira que sobre vosotros se atesora a la ira que se cierne contra los impenitentes judíos! Y pensad también en la maravillosa gracia de Cristo, de ese evangelio que ha sido primeramente dado a vosotros. Por más que vuestros pecados sean rojos como el carmesí, más abundante ha sido la sangre que podía convertirlos en la blancura de la nieve. Porque ésta es todavía la palabra que Dios ha dado a todos sus ministros. "Empezad en Jerusalén".
2. Es agradable a Dios cuidarse primeramente de los judíos. ﷓ E s una gloria y gozo infinitos para el alma el ser semejante a Dios. Recordad que ésta fue la gloria de la condición en que Adán fue creado. " Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza". Su entendimiento era claro y despejado, sin nube alguna. Veía, en su medida, como veía Dios. S u voluntad discurría por el mismo canal por el que discurría la: voluntad de Dios. Sus sentimientos iban en pos de las mismas cosas que eran objeto del amor de Dios. Cuando el hombre cayó, perdimos todo esto y vinimos a ser hijos del diablo y no hijos de Dios. E n cambio, cuando un alma perdida es traída a Cristo y recibe el Espíritu Santo, el viejo hombre es echado fuera y puesto en su lugar el nuevo hombre, que es, según Dios, creado en justicia y en verdadera santidad. E s nuestro verdadero gozo en esta vida ser semejantes a Dios. Muchos hay que descansan en el hecho de haber sido perdonados, pero nuestro gozo más profundo radica en ser como É1 es. ¡Oh, no descanséis, amados, hasta que seáis hechos partícipes de su naturaleza divina! Ansiemos vivamente llegue aquel día en que Cristo aparecerá y de forma plena "seremos como É1 es, porque le veremos como Él es".
Ahora, en lo que yo deseo insistir es en que debemos ser como es Dios, aun en aquellas cosas que le son peculiares. Debemos ser como Él en nuestro entendimiento .y comprensión viendo las cosas corno las ve Él; iguales a É1 en nuestra voluntad queriendo lo que Él quiere; en la santidad también semejantes a É1 y, de forma especial, en nuestros afectos y sentimientos. "E1 amor es de Dios. Cualquiera que ama, es nacido de Dios y conoce a Dios. E1 que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor". Toda la Biblia muestra que Dios tiene un amor especial para con el pueblo de Israel. Recordaréis perfectamente que cuando los judíos estaban en Egipto, inhumanamente oprimidos por sus capataces, Dios oyó su clamor y se apareció a Moisés: "Yo he visto la aflicción de mi pueblo y he oído su clamor, porque conozco sus penas".
Y otra vez, cuando Dios los dirigió a través del desierto, Moisés les dijo por qué Dios había obrado en favor de ellos. "No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido; porque vosotros erais los más insignificantes de todos los pueblos, sino porque Jehová os amó" (Deuteronomio, 7:7).¡Extraño, soberano y especialísimo amor! Dios los amó porque los amó.¿ No debemos ser como Dios en este peculiar afecto?
Pero vosotros decís: "Dios los ha llevado en cautividad". Ahora es cierto que Dios los ha esparcido por todos los países: "Los hijos de Sión, preciados y estimados más que el oro puro ¡cómo son tenidos por vasos de barro!" (Lamentaciones 4:2). Pero, ¿qué dice Dios acerca de esto? "He dejado mi casa, desamparé mi heredad, entregado he lo que amaba mi alma en mano de sus enemigos" (Jeremías, 12:7). Verdad, es que Israel ha sido por un poco de tiempo entregado en mano de sus enemigos, pero tan cierto también es que Israel es lo que amaba su alma, el alma de Dios. ¿ N o debiéramos dar a ellos el primer lugar en nuestro corazón, como Dios lo da en el suyo? ¿Nos dará vergüenza tener el mismo afecto que tiene nuestro Padre celestial para con Israel? ¿ Nos avergonzaremos de ser diferentes al mundo y ser iguales a Dios en nuestro afecto para con el Israel cautivo?
Pero decís: "Dios ha desechado a su pueblo". "¿ Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera" dice Pablo. Toda la Biblia se opone a tal idea. "¿ No es Efraím hijo precioso para mí? ¿no es niño delicioso? Pues desde que hablé de él, heme acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él: apiadado, tendré de él misericordia, dice Jehová" (Jer. 31:20). "Mas Sión dijo: Dejóme Jehová y el Señor se olvidó de mí. ¿Olvidaráse la mujer de lo que parió, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque se olviden ellas, yo no me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas te tengo esculpida" (Isaías 49:14﷓16). "Y luego todo Israel será salvo; como está escrito: Vendrá de Sión el libertador, que quitará de Jacob la impiedad" (Rom. 11:26). Ahora la sencilla pregunta para cada uno de vosotros y para nuestra amada iglesia es: ¿ No debiéramos parecernos a Dios en afecto tan especial para con Israel? Si hemos sido llenos del Espíritu Santo de Dios, ¿no es lógico que lo amemos como lo ama Él? ¿ No debemos esculpir su nombre sobre nuestro corazón y llegar a la resolución de que, a través de nuestra misericordia, también él obtenga misericordia?

3. Porque la puerta de acceso a los judíos es muy notable. ﷓ E n casi todos los países que he visitado es notorio este hecho. Es curioso ciertamente, pues parece como si la única puerta que ha sido dejada abierta a las misiones cristianas fuese la de la predicación a los judíos.
Estuvimos bastante tiempo en Toscania, el estado o provincia más liberal de cuantos hay en Italia. Sin embargo, allí no os podríais atrever a predicar el evangelio a la multitud ni al pueblo católico. En el momento en que entregaseis un tratado, o un folleto o la Biblia a u n católico, seríais llevados al sacerdote y por el sacerdote a la fuerza civil o gobernador y el resultado sería vuestro inmediato destierro. En cambio, la puerta a los judíos se halla bien abierta. Nadie se preocupa por sus almas y, por tanto, nadie se opone a que se les lleve el evangelio libremente.
En Egipto y Palestina sucede lo mismo. En modo alguno podríais anunciar el evangelio a los engañados seguidores de Mahoma; sin embargo, os sorprendería la libertad con que podríais acudir a un mercado y anunciar el evangelio a los judíos; nadie os lo impediría. Visitamos numerosas ciudades en Tierra Santa, tantas como supimos que abundaban en judíos. En Jerusalén y en Hebrón hablamos a los judíos "las palabras de esta vida". En Sichar "disputamos con ellos en la Sinagoga" y en el bazar público. En Haifa, al pie del monte Carmelo, nos juntamos con ellos en la sinagoga. En Sión también "disputamos con ellos largamente" del Señor Jesús. En Tiro les visitamos a ellos primeramente en la sinagoga y después en el domicilio del rabí y, después, nos devolvieron la visita; hasta tal punto había sido despertado su interés, que cuando nos hallábamos en la fonda haciendo la siesta, acudieron a nosotros en multitud para hablar del evangelio. La Biblia hebrea fue traída y, pasaje tras pasaje, comentada y explicada sin que nadie nos amenazara. En Safa y en Tiberias yen Acre tuvimos mucha libertad. Hay ciertamente en Tierra Santa una libertad perfecta para llevar el evangelio a los judíos.
En Constantinopla, si alguien predica el evangelio a los turcos ﷓como alguien ha intentado﷓, la consecuencia inmediata es el destierro; en cambio, a los judíos se les puede anunciar libremente. En Valaquia y en Moldavia el más mínimo intento de convertir a un griego provoca la venganza inmediata del Santo Sínodo y del gobierno. Sin embargo, por todas las ciudades pudimos libremente ir a los judíos. En Bucarest, en Foscania, en Jazzio y en las más remotas aldehuelas de Valaquia, hablamos sin impedimento del mensaje a Israel. La puerta está abierta de par en par.
E1 Austria, en donde no se tolera a los misioneros de ningún credo, aun allí hallamos judíos dispuestos a escucharnos. En sus sinagogas siempre pudimos hallar un lugar abierto para nosotros, y, a menudo, cuando llegaban a conocer que nos exponíamos en aquel país por nuestra calidad de misioneros, se ofrecían para escondernos con tal de que estuviésemos con ellos allí más tiempo.
En la Prusia polaca la puerta está abierta a cerca de 100.000 judíos. Nadie puede atreverse a predicara los pobres protestantes que han caído en el racionalismo. Aun en la misma Prusia protestante no es posible predicar a los protestantes, pero sí es fácil hacerlo a los judíos. Por orden del gobierno cada iglesia abierta tiene su pastor ordenado v uno de los misioneros me aseguró que frecuentemente había predicado a 400 ó 500 judíos, lo que no pueden hacer a los demás de ambos sexos en una misma reunión. También se permite allí la existencia de escuelas para los hijos de los judíos. Tuvimos el privilegio de visitar tres de ellas y vimos cómo se enseñaba a los niños el camino de la salvación por un Redentor. Todo ello en contraste con el hecho de que hace doce años los judíos no querían saber nada del cristianismo, ni se acercaban a iglesia alguna.
Si esto es así ﷓y apelo a todo aquel que conozca alguno de los países mencionados a que lo manifieste﷓, si la puerta está cerrada en una dirección y ampliamente abierta para los israelitas, ¿no creéis que será porque Dios está diciendo, por su providencia como por su Palabra, "ir primero a las ovejas perdidas de la casa de Israel"? ¿Pensáis que nuestra iglesia, conociendo estos hechos, será sin falta si no obedece al llamamiento? "Porque el evangelio es potencia de Dios para salvación, al judío primeramente y también al griego".
4. Porque los judíos darán vida al mundo muerto. ﷓
Muchas veces he pensado que un viajero que pare mientes en su constante recorrer los países de este mundo, sí observa la raza de Israel por todos los países puede llegar a penar, por la sola luz de su razón, que pueblo tan singular está siendo preservado en este mundo para un gran propósito. Hay en los judíos una especial idoneidad para que sean convertidos en los misioneros de todo el mundo. No tienen ni sienten tanto apego al hogar y país natal como acostumbramos a tenerlo los demás. Tienen la impresión de que son desterrados en cualquier país. Están acostumbrados a cualquier clima. Se les encuentra en medio de las estepas nevadas de Rusia y también en la cálida tierra de la India. Tienen, además, mucha familiaridad con todos los idiomas del mundo, aun cuando mantienen su lengua común, el idioma hebreo, por medio del que se entienden unos con otros. Todos estos hechos deberían, a mi entender, hacer pensar al viajero inteligente que corre y recorre incansablemente los países de este mundo. Y además, ¿que dice la Palabra de Dios?

"Y será que como fuisteis maldición entre las gentes, oh casa de Judá y casa de Israel, así os salvaré y seréis bendición" (Zacarías, 8:13). Hasta hoy ellos han sido maldición entre las gentes, por su incredulidad, por su maldad, pero viene el tiempo cuando vendrán a ser una bendición tan grande como grande ha sido su maldición. " Y será el residuo de Jacob en medio de muchos pueblos, como el rocío de Jehová, como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan varón, ni aguardan a hijos de hombres" (Miqueas 5:7). Del mismo modo como nos fue dado contemplar en los resecos montes de Judá que el rocío matutino, posándose silenciosamente, daba vida a toda planta haciendo crecer la hierba y aparecer las flores con su más dulce fragancia, así será el Israel convertido cuando venga a ser como rocío a un mundo muerto y seco.
"En aquellos días acontecerá que diez hombres de todas las lenguas de las gentes trabarán de la falda de un judío diciendo: Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros" (Z ac. 8:23). Esta profecía hasta ahora nunca se ha cumplido. Pero tan verdadero como la Palabra de Dios es este hecho. Quizá alguien dirá: " Si los judíos están llamados a ser los grandes misioneros del mundo, enviemos sólo a ellos nuestros misioneros". Obremos de otra manera conforme a la nueva luz que se nos manifiesta; llamemos a nuestros misioneros que están en la India. Están agotando sus preciosas vidas en llevar a cabo un ministerio que parece reservado a los judíos. "Me duele pensar que algún amante de Israel piense de tal manera. La Biblia no dice que debemos predicar al judío solamente, sino al judío primeramente. "Id y predicad el evangelio a todas las naciones", dijo el Salvador. Obedezcamos su palabra como niños. E1 Señor ha enviado a nuestros muy amados misioneros a aquellos climas ardientes de la India. E1 Señor es poderoso para darles buen éxito y nunca permitirá que, a los que realmente son enviados por É1, una duda cruce sus mentes puras con respecto a si deben continuar o no sus labores en el campo misionero en donde tienen puesto su corazón.
Todo lo que pedimos y rogamos con esto es que al enviar a nuestros misioneros a los gentiles no olvidemos empezar por Jerusalén. Aunque Pablo fue enviado a los gentiles, sin embargo, Pedro lo fue a las doce tribus que estaban esparcidas. N o sea este asunto un asunto de poca importancia, arrinconado en vuestros corazones; no permitáis que sea un apéndice de las demás cosas en nuestra iglesia, sino que más bien quede bien grabado en parte bien visible de vuestro corazón y sea como una bandera de nuestra iglesia. "AL judío primeramente" y "empezando desde Jerusalén".
Finalmente, porque hay gran renumeración en amar al pueblo de Dios. "Bendito será quien te bendiga y maldito quien te maldiga". Pedid a Dios por la paz de Jerusalén: prosperarán quienes la aman. Hemos experimentado esto en nuestros propios corazones. A1 ir de un país a otro hemos notado que había uno delante de nosotros preparando nuestro camino. Aunque hemos estado en peligros de aguas, y peligros en el desierto, peligros de enfermedad, peligros de los gentiles, de todos ellos nos ha librado Dios.
Pero nuestras almas serán enriquecidas y nuestras iglesias también, si esta causa halla justo lugar en nuestros afectos. Tenía sobrada razón uno que daba a esta causa especial atención y afecto (quien actualmente se halla en camino hacia la India) cuando dijo que nuestra iglesia debía ser no sólo evangélica, sino también evangelística si deseaba recibir la bendición de Dios. Ella no sólo debe tener la luz, sino también esparcirla si es que ha de continuar siendo administradora de los misterios de Dios. ¿No puedo Yo tomarme la libertad de añadir a esta estricta declaración, que debemos ser no sólo evangelistas del modo como Dios quiere que lo seamos; no sólo administradores de la luz a manos llenas, sino administradores primeramente al judío?

Entonces reavivará Dios su obra en medio de los tiempos. Nuestro mismo país será entonces refrescado y reavivado como lo fue Kilsyth. Las telarañas de la controversia serán barridas de nuestros santuarios, las desaveniencias y celos de nuestra iglesia se cambiarán en la armonía de la alabanza y nuestras almas vendrán a ser como un jardín bien regado.

NUESTRA DEUDA A ISRAEL

Por R. M. McCheyne
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