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Exposición del primer salmo
dividida en seis sermones

Por Constantino Ponce de la Fuente









Al lector

    Quan necessaria sea para los hombres la predicacion de la palabra divina, lector cristiano, allende de ser manifiesto por nuestros muchos y continuos pecados contra los quales ella es verdadera y unica medicina, basta el testimonio que ella misma en este proposito da para que entendamos ser esto assi. Nadie nos puede conocer mejor que el mismo señor que nos hizo y nos sufre y nos espera, ni podemos imaginar mayor remedio para no perdernos que es aquel de quien nos avisa el que quiere y solamente nos puede salvar. Pues como en este oficio tan encomendado y tan encarecido yo aya gastado algunos años con desseo de aprovechar algo, aunque con la indignidad que Dios sabe, parecióme no sé qué vezes que seria bien con el curso que todos seguimos de tratar las leciones del evangelio entremeter algunas otras cosas de la escritura, para que con la variedad y conformidad de ella se acodiciassen mas los oyentes a seguir el camino de la verdad y viessen como en todas partes resplandecia el beneficio de Jesu Cristo unigenito hijo de Dios. Las causas y las razones por donde yo esto hize y me parece que se deve hazer no las quiero proseguir agora, quedarán para otro lugar; baste para lo presente que tengo exemplo y autoridad de todos los mas graves y mas estimados doctores que la iglesia sigue. Entre lo que para este fin escogí fueron algunos salmos cuya declaracion yo procuré de tratar lo menos mal que segun mis fuerças pude entender. Tiene el profeta David sentimientos tan grandes, descubre por tantas maneras los misterios y los secretos de la divina bondad, es tan admirable conocedor de sus obras, escudriña y penetra tanto los colaçones de los buenos y de los malos de los tibios y de los encendidos, enseña tan claramente los remedios para todos, que no parece sino que por este instrumento quiso el espiritu santo señaladamente dar una muestra en el mundo de los tesoros del cielo. Tampoco quiero tratar de proposito esto porque mayor espacio requiere; solamente se propone para que se vea el motivo de lo que yo hize.

    Entre los libros sagrados ninguno anda tan ordinario ni tan en las manos de todos como es el salterio. En el oficio eclesiastico la mayor parte es salmos. De toda suerte de gente por maravilla ay quien no rece salmos. No puede ser cosa mas acertada y muchas vezes he mirado en ello. Mas Quan to ella es mejor tanto pone mayor lastima ver Quan friamente se paisa por ellos, Quan sin sentimiento y sin inteligencia de cosas tan grandes. Averiguadamente creo que si con ser tan comun la lecion de los salmos aves juntamente guia de verdadera inteligencia, seria medio para alcançarse notable fruto y para que muchos de los que tienen oficio o devocion de rezarlos sintiessen en sus coraçones grande consuelo de la mano de Dios para los trabajos espirituales y corporales. De los que yo para este fin he predicado uno es el primero de todos, combidandome para ello de una parte su brevedad y parecer que venia propiamente medido para con el tiempo; por otra, aver muchas vezes considerado passando por el en quan pocas palabras estaba sumada toda la doctrina de la sagrada escritura, todo lo que el cristiano deve saber y obrar, todo el bien y mal de los hombres, todo el daño y todo el remedio, todo el favor que tienen los buenos, toda la adversidad que tienen los malos, todas las obras que de la misericordia divina a los unos se comunican y la justicia para los otros. Siempre me puso admiracion esta brevedad viendo que es como un espejo con quien el justo y el pecador deven de ordenar su conciencia y conocer los defectos de ella, concebir el uno esfuerço muy grande y el otro grande temor. Parecióme que si los oyentes fuessen ayudados con una declaracion copiosa podrian usar mejor de el para este provecho, pues cada dia lo traen en las manos.

    La misma razon que me movió a predicarlo me persuadió despues a la publicacion. Facilmente se caen estas cosas de la memoria y pocas llegan a casa; quanto mas durar muchos años. Por nuestros pecados raros son los que se acuerdan de la verdadera doctrina de los sermones. Si algo les queda son cosas de poco provecho y de muy liviano contentamiento y mas aplazibles que ciertas ni utiles. De manera que es menester favorecerlos con escritura para que la mayor parte del trabajo no sea en vano y los que buscan cosas firmes y medicinas seguras tengan con que rehazer su memoria. Como lo prediqué, assi se escrivió. Y de aqui es que no va tan limado ni contanta claridad ni concierto como yo quisiera. Creció la exposición hasta ser muy larga, mas por muy prolixa que ella sea, todo el libro es pequeño y de lo mucho podrá escoger cada uno lo que mas a su proposito haze. Lo que el mismo salmo comprehende en breves sentencias, aquello es lo que está explicado, confirmado y defendido. En unos mismos intentos andan el y los sermones.

    En todos ellos procuré de exhortar a los hombres a que no se contenten con tener fe muerta -que solamente cree y no obra- porque de esta los demonios tienen assaz y aprovechales muy poco (Jac. 2). Y tan poco aprovechará el cristiano si no passa mas adelante, aunque es escalon para lo demas del qual está lexos el infiel y por esso mas sin luz. La fe que nos ha de salvar acompañada ha de estar y encendida con caridad. Biva ha de ser y produzidora de buenas obras contenta y assegurada con todo lo que Dios dize y executadora de lo que confiessa. Esta pide nuestro salmo y a esta exhorta su exposicion. Trabajé juntamente de persuadir a los oyentes cierta y verdadera caridad, y senzillez de coraçon para con sus proximos; paciencia para los trabajos; firme y alegre esperança de lo que Dios tiene prometido; humilde conocimiento de si mismo; penitencia de sus pecados; mortificacion de sus malos desseos; oracion para todas sus cosas; enseñandoles quanto en mi fue verdadero temor y reverencia a la magestad divina, pavor de la grandeza de sus juizios y de la ira que contra el pecado tiene.

    A estos lugares se reduze el salmo y estos mismos procuré yo de extender y de declarar por los mejores y mas faciles medios que se me ofrecieron. A unos esforçamos para que perseveren, a otros espantamos para que buelvan; a unos tratamos con blandura, a otros con aspereza; a los unos con amor, a los otros con amenazas. Todo lo pusimos delante para que por una parte se despertasse aficion y por otra se concibiesse temor; para que siquiera no passen mas adelante los malos y por qualquier ocasion que sea comiencen a buscar remedio. Esto he traido con la brevedad mas possible para que sirva de una como luz para el entendimiento de esta exposicion, porque llevando este presupuesto sin duda hallará el lector mas desembaraçado el camino para mejor entenderse. Si unas vezes le parecieremos muy blandos y muy alargados en favor de los buenos, si otras muy bravos contra los malos y muy deshazedores de sus caminos y de sus esperanças, entenderá que es acertado camino para el fin que es cada cosa. El que está sano y el que está enfermo diferentemente quieren ser tratados. No todos los enfermos tampoco quieren ser curados con una medicina.

    Esta que parece diversidad no es sino consonancia muy grande. Ni el salmo nos dexará ir por otro camino si no quisieremos ser claramente prevaricadores. En el qual es bien facil de conocer esta misma variedad con la mayor conformidad que pensar se puede pues es la que el espiritu santo tiene en todas sus cosas -el qual es el cierto autor de la escritura sagrada- con quien todo lo que en este caso tratamos va confirmado. Los descuidos mios acerca de no tan buen orden, o de menos claridad y de otros semejantes defectos parte no los podré excusar por ser naturales a mi flaqueza; parte podrán tener enmienda por mano de otros o por la mia. Cosas puede ser que aya al juizio de muchos tan manifiestas que dará pesadumbre su repeticion, otras con su brevedad parecerán muy dificiles y esto no puede ser menos por lo que ya tengo dicho.

    Aunque bien entiendo que la mayor dificultad de semejantes materias y lo que mas obscuras las representa es lo mal que nos parecen, el sinsabor que nos hazen y el poco uso que tenemos de oirlas. Lo bueno nunca lo provamos, lo aspero no lo querriamos, buscamos doctrina que no nos duela y pedimos en ella nuestro contentamiento, como en todas las otras cosas. Facil cosa me seria a mi agradar por este camino, porque nadie está tan pobre que no se halle rico de vanidad quando quisiere aprovecharse de ella. Mas ninguna cosa deve de pesar tanto que por ella se dexe de tratar cosa tan grande con seguridad de conciencia. Si conociessemos nuestras enfermedades y de verdad quisiessemos salir de ellas, luego entenderíamos las medicinas porque sentiriamos el provecho. Si tuviéssemos gusto de la salud no nos pareceria tan extraño lo que nos pone tanto fastidio. Miramos con ojos ciegos y quexamonos de la luz, antojasenos tiniebla y alegamos que la ay quando no queremos que nos alumbren.

    Sea esto como aviso para la lecion de la escritura presente y para la de otras de su calidad, si fuere Dios servido que salgan a luz. El por su infinita misericordia quiera dar a su santa palabra verdadera prosperidad. El le dé eficacia para que fructifique; para que en los coraçones de los pecadores despierte conocimiento de su perdicion; para que pidan el remedio que les está ganado; para que con nueva vida, con nuevo espiritu y nuevas obras den testimonio de como son redirnidos con la sangre de quien desde el cielo los vino a buscar a la tierra para que, como miembros de su santa iglesia, en todo le sirvan y le den gloria.



   Exposición del primer salmo dividida en seis sermones
    Constantino Ponce de la Fuente ; edición, introducción y notas de Emilia Navarro de Kelley         
Marco legal